
Quizás debido a su situación geográfica o al buen hacer local, que ha sabido conservar la esencia de esta población, Estellencs puede presumir de rezumar autenticidad por los cuatro costados. Lo cierto es que a medida que nos adentramos en sus calles o descendemos entre bancales hacia su cala, pronto nos damos cuenta de que se trata de un rincón único que nada tiene que ver con otros lugares de la isla masificados. Además, es el pueblo con menos habitantes censados de Mallorca.
Las estrechas calles empedradas nos seducen y llevan por un pueblo lleno de encanto. No faltan los detalles que nos cautivan a cada paso: flores adornando un balcón, árboles frutales –muchas veces limoneros o higueras– que sobresalen por encima de un muro de piedra, pequeños espacios que se abren entre las calles regalándonos vistas espléndidas con el mar al fondo, y su fuente de agua dulce en la Cala , sus otras fuentes naturales de agua fresca y sana, su singular distribución de esta agua con un sistema de acequias perfectamente organizado, todo resulta atractivo y envolvente en el ambiente tranquilo y sosegado que desprende esta localidad de herencia musulmana.
Estellencs honra a Sant Joan Baptista como su santo patrón el 29 de agosto, aunque el pueblo también muestra gran devoción hacia Sant Antoni a quién se ofrece una procesión en torno al 17 de enero.
Una de las fechas más señaladas en el calendario ferial d’Estellencs, se produce a principios de mayo cuando se organiza la ‘Fira del formatge i el vi’, una jornada gastronómica que data de 2009, en la que se pueden degustar los mejores productos de la tierra. Un excelente maridaje entre los mejores caldos procedentes de la cosecha de malvasía, la variedad de uva local y excelentes quesos, aceitunas, frutas y embutidos.
El verano tiene sabor a música, con la celebración del Festival de música entre julio y agosto, con muchos conciertos.
Mientras, otoño viene con regusto a buena cocina, ya que el primer sábado de octubre se celebra la ‘Fira Gastronómica de Tardor’ en homenaje póstumo a Mateu Vidal, un gran amante de la cultura y cocina local, una jornada que constituye un punto de encuentro de las mejores ofertas gastronómicas del lugar.
Cada sábado, la plaza del pueblo ofrece un ‘mercadet’ de productos autóctonos, ya sean de la tierra como de artesanía local.